Débil y melancólico, enfermizo, un tanto solitario y frustrado, Federico Chopin no

debió ser consciente en su corta vida -39 años- de su paso decisivo y revolucionario por la música. Ahora, cuando el primero de marzo se cumplan 200 años de su nacimiento en Zelachopin zowa Wola (Polonia), su estela crece. No dedicó apenas inspiración para otra cosa que no fuera el piano. Pero su búsqueda de nuevas formas, su arrebato romántico y visionario para ensanchar todos los lenguajes del instrumento más completo que existe fue increíblemente fructífera. Hoy es el rey del piano y su mayor profeta. La vigencia de Chopin en este segundo centenario es unánime y absoluta.

 

Noticia aparecida en el diario El País.